Yo también estuve ahí: he sido hiper generosa. Dar, dar y dar, sin poder poner límites, sin cuidarme, sin respetar mis propios tiempos porque las necesidades de los consultantes siempre estaban primero.
Después de todo, me dedico a acompañarlos a transmutar su dolor. ¿Cómo podría negarles la mano, la guía, la ayuda en tiempo y forma?
Y ni hablar del miedo a que se ofendieran mortalmente si alguna vez les decía que no. Tenía que estar disponible siempre, en todo momento y en todo lugar.
Dí tiempo de más, dí sesiones extra largas, dí cuando no quería dar porque estaba cansada o porque estar para el otro significaba perderme reuniones familiares… era una dadora serial.
Me llevó años construir la fortaleza interna para poner límites a tiempo, con confianza, claridad y amabilidad. Sí, porque también los puse tarde y desde el enojo, o los ponía y me sentía la peor de todas, o los ponía y no los podía sostener, se desdibujaban más temprano que tarde.
Hoy, “límites sanos” y “dar en equilibrio sostenible” son parte de lo que enseño.
Para acompañar a sanar sin rompernos. Para estar para el otro porque hemos aprendido a estar para nosotras. Poner límites sanos para atender nuestras necesidades primero, y luego atender las necesidades de los demás.
Y sí, cada tanto doy de más, hasta “no dar más”. Pero me traigo de vuelta a mi centro, cada vez más rápido. Restablecer el equilibrio con más conciencia, cada vez.
Cuidarnos es importante para que nuestra ayuda y nuestro dar sean sostenibles en el tiempo.
Si sos cuidadora de los demás por naturaleza, “ama al prójimo” ya es tu lema.
En la Formación de Facilitadoras de Sanación Profunda, te enseño la dimensión del “como a ti misma” para que el amor al otro esté en justo equilibrio con el amor propio.