Dulce pasión

Si te tomas unos instantes, cuando haces tus compras, para leer las etiquetas de los productos que eliges, comprobarás que la mayor parte de los alimentos envasados, elaborados en general a base de harinas refinadas, contienen también azúcar en altas cantidades.
Tanto el azúcar como la harina blanca pertenecen al grupo de los llamados carbohidratos de alto índice glucémico. Al ser procesados ya en nuestra boca, producen rápidos picos y caídas de los niveles de azúcar en la sangre. Los alimentos que contienen este tipo de carbohidratos, estimulan de manera intensa nuestro cerebro: justamente las mismas áreas del cerebro involucradas en la adicción a las drogas. Este estímulo excesivo que altera la actividad cerebral normal provocaría, en consecuencia, una mayor “necesidad“ de consumir estos alimentos.
Por otro lado, hoy se sabe también que las parasitosis son otra razón importante y muchas veces ignorada de nuestra “necesidad” de consumir dulces o refinados. Estos traviesos microorganismos, presentes en todos nosotros, nos generarían una tensión incontenible por saciarles SU apetito.

Sin voz ni voto?

La mirada anterior sugiere así que estaríamos librados irremediable y exclusivamente a factores externos y ajenos a nuestra voluntad: los caprichos de azúcares y de parásitos que, al manipular directamente las decisiones de nuestro “centro de comandos“, bloquearían todo intento voluntario por resistirnos a esta dulce pasión.
Sin ánimos de profundizar en la polémica, supongamos que es cierto: nuestro “gusto exacerbado” por los refinados es inducido exclusivamente por alimentos y parásitos que al incidir directamente sobre el sistema nervioso, provocan que éste nos demande más y más de lo mismo. Desde este ángulo de observación, el papel que pueda jugar nuestra voluntad a la hora de librarnos del “dulce vicio“ sería nulo.
No obstante, los casos que demuestran lo contrario abundan. Claramente vemos cómo ciertas personas son exitosas en lograr cambios en sus hábitos alimenticios (dejar de comer harinas o dulces por ejemplo), mientras que otras parecieran auto-boicotear sus intentos ó por lo menos no poder controlar el insano impulso.

Paquetes de emociones

Según la visión holística del ser humano en cambio, todas nuestras experiencias vitales van conformando un cúmulo de conexiones emocionales: un archivo de emociones en relación a cosas, personas y situaciones. Estos archivos asociativos van dejando registro en nuestro cuerpo.
Lo que resalta esta perspectiva es que no sólo aquello que ingerimos ó la parasitosis modificarían nuestra conducta, sino que nuestras emociones, producto en gran medida de nuestras abundancias y carencias (afectivas, espirituales, materiales, etc.), generarían patrones de comportamiento disímiles en cada ser humano.
¿Cuántas veces comemos porque nos sentimos solos, frustrados, nerviosos? Acaso el chocolate ¿no se vuelve una recompensa por algo bien hecho? Y la pasta de los domingos ¿a quién no le recuerda a su abuela? ¿Cuántos de nosotros “limpiamos el plato” automatizados porque algún familiar “paso hambre en la guerra”, por lo que es ilícito en el marco de nuestra familia dejar restos?

Traer equilibrio

¡La emoción! Este es el factor fundamental que no debe ser olvidado a la hora de sanar nuestros comportamientos adictivos.
Ahora sí, desde esta mirada que abarca al ser humano en su integridad y tiene en cuenta todos los obstáculos, llámense éstos emociones, memorias, mandatos, estímulos cerebrales ó parasitosis, es justamente desde donde podemos dar respuesta veraz a nuestros interrogantes:

¿Qué podemos hacer para que la gran empresa de dejar harinas y/o azucares tenga éxito?
Y por otro lado ¿qué herramientas nos aportan las técnicas de liberación emocional para reforzar nuestro propósito?
Para alcanzar resultados duraderos y de fondo te propongo en primer lugar trabajar sobre nuestra memoria celular (el registro que cada célula de nuestro cuerpo guarda de todo lo que nos acontece). Seguramente preguntarás ¿pero es posible modificar desde el trabajo con nuestra memoria celular también la información fisiológica que envían estos alimentos/parásitos a nuestro cerebro?

El análisis de Memoria Celular permite encontrar dónde están los desequilibrios químicos o emocionales en el cuerpo, al hacer un relevo de lo que éste reporta como necesidad (las carencias y/o abundancias que mencionaba más arriba). Estos desequilibrios, terminan manifestándose físicamente o como patrones de conducta. Así, la memoria celular busca restablecer el equilibrio corporal, emocional y energético del cuerpo, para poder generar nuevas actitudes y conductas.

EFT-tapping por su lado, pone a nuestro alcance ejercicios de fácil auto-aplicación que refuerzan el trabajo sobre nuestra memoria celular limpiando sus “archivos viejos o desactualizados“.
Estas dos terapias combinadas liberan bloqueos energéticos, eliminan toxinas, reducen la tensión y potencian la capacidad natural que tiene el cuerpo de sanarse. Estas terapias complementan el tratamiento de cualquier padecimiento físico, químico o emocional.

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